Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    05 de Diciembre de 2021
21 de Noviembre de 2021
El Franciscano Que Triunfó En Hollywood
JOSÉ MOJICA

   El tenor y actor José Mojica, originario de San Gabriel, Jalisco, participó en numerosas películas en México y Estados Unidos, para después unirse a la Orden de los Frailes Menores
  
   A principios del siglo XIII el hijo de un rico comerciante decidió renunciar al mundo de lujos en el que había vivido para entregarse a la ayuda de los pobres y los enfermos. Se llamaba Francisco y vivía en Asís, Italia.
  
   Si en el castillo de su padre había gozado las canciones que hablaban de hazañas de caballería, en su vida de ayuno y soledad escuchó el cantó del agua y los pájaros y compuso él mismo cantos al Dios de los cristianos.
  
   Fundó una orden religiosa, la de los Frailes Menores, para quienes quisieran hermanarse con la pobreza. A esta congregación franciscana ingresó, siete siglos después, el tenor mexicano José Mojica, la estrella de Hollywood que hizo de su voz un instrumento de la paz.
  
   José Mojica nació en San Gabriel, Jalisco, el 14 de septiembre de 1896 y muy joven se trasladó con su madre a la Ciudad de México. En los días en que la Revolución desangraba la capital del país, Mojica descubrió que su pasión estaba puesta en la música.
  
   Al mismo tiempo atravesó por una severa crisis espiritual, la cual lo hizo conocer distintas expresiones religiosas y esotéricas que lo enfrentaban con el catolicismo de su madre.
  
   Escéptico por fin de las experiencias metafísicas, decidió hacer del canto su única práctica de culto y comenzó a educar la voz en el Conservatorio Nacional de Música, con José Pierson, maestro de grandes intérpretes como Pedro Vargas y Jorge Negrete.
  
   Durante aquella época –según una entrevista que José Revueltas hizo a Mojica en 1943- leyó con avidez a Friedrich Nietzsche sobre todo el Ecce Homo. Era mi ídolo, aseguró el cantante.
  
   En los últimos años de la etapa armada, Mojica logró sus primeros éxitos en los teatros Arbeu e Ideal. Viajó a Estados Unidos para buscar suerte y la encontró como lavaplatos en un hotel neoyorkino.
  
   No tardó mucho en ingresar a una compañía de ópera que le permitió ser escuchado por Enrico Caruso, el paradigmático tenor italiano, quien fue sensible al talento de Mojica y lo recomendó a la Compañía de Ópera de Chicago.
  
   Esto lo obligó a perfeccionar su dominio del inglés, francés y, por supuesto, italiano. No tardó mucho tiempo en presentarse en la Metropolitan Opera House de Nueva York.
  
   Era necesario reproducir y conservar aquella voz de maravilla, por lo cual José Mojica comenzó la grabación de discos con la Casa Edison y esto fue su pase al incipiente mundo de Hollywood.
  
   Reza un dicho que cuando Dios da hasta los costales presta. La fama de Mojica coincidió con el inicio del cine sonoro. Su buena voz se sumaba a una presencia física ideal para la pantalla y en 1928 filmó su primera película, El precio de un beso.
  
   Durante la siguiente década, se consolidó como estrella cinematográfica en cintas como El rey de los gitanos y Don Gil de Alcántara, todas ellas éxitos de taquilla en Estados Unidos e Hispanoamérica. Mojica formó parte del grupo de mexicanos conformado por Dolores del Río, Lupe Vélez y Ramón Novarro, que entonces era la fascinación de la pantalla.
  
   A finales de los años treinta regresó a México y compró una casa en San Miguel de Allende, Guanajuato. Eran los días en que otros tenores admirables como Juan Arvizu, Alfonso Ortiz Tirado y Genaro Salinas cantaban para los micrófonos de la XEW y la XEB.
  
   María Grever, por su parte, comenzaba a considerarse la compositora estrella de habla hispana con canciones como Júrame, que, desde luego, interpretó Mojica.
  
   Un personaje de fraile franciscano despertó su vocación religiosa
  
   En 1937 inició la filmación de La cruz y la espada. Para perfeccionar su personaje de fraile franciscano se internó por unos días en un convento de la orden.
  
   Algo lo conmovió en aquella estancia al punto que decidió hacer de verdad los votos de pobreza, obediencia y castidad. Quiso renunciar, como lo hizo el santo fundador, a la superficialidad del mundo y a consagrar sus días a la caridad.
  
   Si Francisco de Asís había cantado al Hermano Sol, él podría hacer de su voz el vehículo para su comunicación con Dios.
  
   Reafirmó su decisión tras la muerte de su madre en 1940. Antes de iniciar el proceso para ordenarse sacerdote, ingresó como miembro de la Orden Tercera de San Francisco, destinada a los laicos.
  
   Todavía alcanzó a filmar El capitán aventurero, al lado de Manolita Saval, y Melodías de América, su última película. Fue en este rodaje que comunicó a Agustín Lara –quien musicalizó la cinta- su intención de tomar el sayal franciscano. Impresionado por la noticia, Lara compuso para él Dime, cuyos versos se hicieron célebres:
  
  
Dime si tus ojazos negros,
   Que tanto yo he querido,
   Lloran por mí.
   Dime si tu boca bonita,
   Que tanto yo he besado,
   Suspira por mí.

  
   En agosto de 1941 se estrenó A media luz protagonizada por el cantante argentino Hugo del Carril y Carmen Montejo.
  
   En el cartel de la función aparecía otro anuncio: "Vea usted la ceremonia de ordenación de José Mojica como sacerdote franciscano en la catedral de Lima, Perú". A partir de entonces fue conocido como fray José Francisco de Guadalupe.
  
   El jalisciense decidió que sería en el convento andino de Cuzco donde se prepararía espiritualmente para su ordenación. En él permaneció durante el resto de su vida.
  
   En 1959 se estrenó en varios cines de la Ciudad de México la película Yo pecador, inspirada en la autobiografía de Mojica y realizada con su aprobación. En ella intervino la plana mayor del cine mexicano: Sara García, Libertad Lamarque, Pedro Armendáriz, Andrés Soler, Enrique Rambal y Christiane Martell. El papel principal estuvo a cargo del actor brasileño Pedro Geraldo.
  
   La cinta apareció en un momento histórico en que se daba especial realce a “la decencia” y “las buenas costumbres” promovido por la derecha y la Iglesia católica como oposición al Estado priista.
  
   En los anuncios que publicó EL UNIVERSAL la Legión Mexicana de la Decencia la catalogaba como “la película del año”, mientras que el Arzobispo Primado de México, Monseñor Darío Miranda, comentaba que la historia de Mojica era “un designio providencial de Dios”.
  
   Sin embargo, Mojica no siguió una vida de estricta clausura. Varias veces el padre provincial de la orden concedió su permiso para que actuara como tenor o actor en escenarios de Latinoamérica. En los sesenta, por ejemplo, actúo en México al lado de Andrea Palma en la obra Lodo y Armiño.
  
   Pero seguramente su actuación más recordada, ya como fraile, fue en Seguiré tus pasos, con el actor infantil Juliancito Bravo y Manuel López Ochoa, en 1968. Las ganancias que obtenía eran dedicadas a obras de beneficencia promovidas por los franciscanos.