Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    18 de Mayo de 2022
08 de Mayo de 2022
FEMINICIDIOS EN AMÉRICA LATINA SIGNIFICA PERDER A 15 MUJERES AL DÍA

   Las medidas emprendidas por los gobiernos regionales resultan más que insuficientes, afirman expertos; las cifras son mayores a las estimadas y las agresiones se han “normalizado”, lamentan
  
   San José.— Los cálculos de Amnistía Internacional (AI), una de las principales organizaciones independientes, no estatales y mundiales en defensa de los derechos humanos, de que hay un promedio diario de 12 asesinatos de mujeres en América Latina y el Caribe o 4 mil 380 al año... se quedaron cortos.
  
   Un recuento de EL UNIVERSAL de los feminicidios en México, Argentina, Chile, Brasil, Colombia, Cuba, Venezuela, Costa Rica, Uruguay, Paraguay, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Panamá, República Dominicana y Bolivia reveló que en 2020 hubo 5 mil 310, a más de 14 por día.
  
   Con datos preliminares, el total llegó en 2021 a 5 mil 630, o más de 15 al día. En las 33 naciones latinoamericanas y caribeñas —incluidas las excolonias de Reino Unido, Francia y Países Bajos— “siguen existiendo muchas amenazas. Quizá las más graves sean las de la violencia patriarcal”, advirtió la abogada de derechos humanos y feminista mexicana Érika Guevara, directora para América de AI, influyente agrupación global con sede en Londres. “Las medidas para proteger a las mujeres (…) son inadecuadas en la región”, dijo a este diario.
  
   México registró, a partir de marzo anterior, un acelerado incremento de feminicidios y de otras formas de violencia contra la mujer, como extorsiones, corrupción de menores, violación sexual y agresiones. El fenómeno, no obstante, tampoco se convirtió en un conflicto exclusivo de la sociedad mexicana y afectó de Cuba a Colombia, de Guatemala a Perú o de Brasil a Honduras y a Costa Rica con dramáticos casos, sumada la impunidad en éstos.
  
   Guevara reconoció que en las últimas décadas hubo “algunos avances en relación con los derechos humanos de las mujeres y la igualdad de género” en la región, en particular con leyes para prevenir la violencia o con instituciones estatales de defensa de los derechos de las mujeres. “Sin embargo, estas leyes no se han traducido aún en una transformación sustancial en la vida de las mujeres y las niñas”, advirtió.
  
   “Estos cambios son el resultado de la presión y los incansables esfuerzos de los movimientos feministas y por los derechos de la mujer, que se inspiran unos en otros a pesar de las grandes distancias y las diferencias contextuales entre ellos”, aseveró.
  
   Adujo que la violencia “sigue aumentando, especialmente contra las mujeres de comunidades históricamente marginadas que sufren múltiples formas de discriminación, como las indígenas, negras, rurales, trabajadoras sexuales, lesbianas, bisexuales y trans”, y precisó que cada dos horas una mujer es asesinada en América Latina y el Caribe,
  
   “Las investigaciones de los casos de violencia de género —incluida la violencia doméstica, la violación, el homicidio y el feminicidio— son a menudo insuficientes o simplemente se descartan, dejando que la impunidad sea la norma”, lamentó.
  
   Panorama inquietante
   El Observatorio de Género de Alas Tensas, una organización feminista disidente cubana, informó que Cuba llegó a 36 feminicidios en 2021 y a 32 en 2020, para un total preliminar de 68, con un promedio de uno cada 11 días.
  
   “Probablemente manejamos estadísticas muy inferiores a la cantidad real de feminicidios que se cometen en Cuba”, aclaró, al recordar que el gobierno cubano prohíbe el acceso a la información real y oculta estadísticas.
  
   De los 36 de 2021, 29 fueron cometidos por parejas o exparejas de las víctimas y “siguen desmontando la falsa creencia” de que ocurren en “callejones oscuros y por personas desconocidas con alguna patología siquiátrica. Por el contrario, son hijos sanos del patriarcado los que cometen estos crímenes”, describió.
  
   El régimen comunista cubano argumentó repetidamente que garantiza a las mujeres la atención por violencia familiar y de género, y alegó que Cuba ocupa un “lugar cimero a escala planetaria” en enfrentar el problema. Las denuncias mediáticas de feminicidios son un recurso de Estados Unidos en la “guerra comunicacional” contra la revolución, acusó.
  
   Colombia, entre tanto, sumó 11 mil 224 asesinatos de mujeres de enero de 2011 a febrero de 2022, según datos oficiales. Las cifras mostraron que hubo 5 mil 5 de 2012 a 2016, periodo inmediatamente anterior a diciembre de 2016, cuando finalizó la guerra que estalló en 1964 entre el gobierno y la comunista y ahora disuelta insurgencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
  
   De enero de 2017 a febrero de 2022, fase posterior al cese de hostilidades bélicas, el (estatal) Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Colombia contabilizó 4 mil 719 feminicidios por violencia económica, interpersonal, intrafamiliar, sexual y sociopolítica.
  
   La paz tampoco desmontó los conflictos armados con las disidencias de las FARC y con la guerrilla comunista del Ejército de Liberación Nacional (ELN), alzada en armas desde 1964: la violencia contra las mujeres nunca cesó y consolidó a Colombia como un país violento por los conflictos con las guerrillas, el narco y el paramilitarismo.
  
   El total de feminicidios en Colombia subió de 865 en 2020 a 978 en 2021, en un país en el que los de hombres también se incrementaron, al pasar de 10 mil 148 en 2020 a 12 mil 50 en 2021. Colombia y Cuba reprodujeron el panorama hemisférico inquietante.
  
   “El problema tiene su origen en la estructura patriarcal del sistema implantado en cada país”, aseguró la comunicadora social guatemalteca, Liduvina Hernández, directora ejecutiva de la (no estatal) Asociación para el Estudio y Promoción de la Seguridad en Democracia, de Guatemala.
  
   “Existe una cultura de intolerancia a las expresiones de lucha de los movimientos de las mujeres que va tomando espacio y se van consolidando en posiciones de decisión política”, indicó Hernández a este diario. “Estamos acudiendo a un entorno en el que la violencia contra las mujeres se está normalizando. De hecho, se está asumiendo como una manifestación cultural tolerable. Eso es preocupante”, lamentó.