Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    20 de Octubre de 2019
07 de Julio de 2019
De Ex Haciendas De Hidalgo
SAN JUAN HUEYAPAN: UNA HACIENDA, UN EJIDO
La Hacienda San Juan Hueyapan se encuentra en el estado de Hidalgo de camino a Peña del Aire en el pueblo mágico de Huasca de Ocampo Su historia se remonta en el siglo XVI donde Pedro de la Paz, pariente de Hernán Cortés, funda la gran Hacienda agrícola.
  
   Antecedentes
   El estado de Hidalgo no escapó al proceso de formación y consolidación del sistema de hacienda y la región de Huasca no fue la excepción. A 35 kilómetros al norte de Pachuca y a escasos 17 kilómetros de Real del Monte -ambas localidades, parte de uno de los distritos mineros más ricos del mundo-, se localizó el corazón del Valle de Hueyapan: 66 metros más bajo que Pachuca.
  
   En cada extremo del Valle existía una aldea, Huasca o Huascazaloyam, "el lugar del gozo y la felicidad". Pronto, las fuentes naturales en los alrededores de Huasca llamaron la atención de los mineros españoles, ya que para retinar los metales necesitaban grandes volúmenes de agua.
  
   En 1558, Pedro de la Paz puso las bases del sistema de hacienda en el Valle, al obtener dos sitios de ganado mayor que llevaban el nombre de Hueyapan, concesiones que pasaron, primero, a manos de Andrés Tapia y Ferrer y, después, a las de Nicolás Acosta y Domingo Escorcia.
  
   Es hasta 1698 que se da cuenta de la venta de propiedades de Pedro Aguirre Escorcia, heredero probable de Domingo Escorcia, en un remate público en Real del Monte, siendo adquiridos, por el Sr. Isidro Tello, inmuebles entre los que se contó la hacienda de San Juan Hueyapan.
  
  
  
   Con la familia Tello en el Valle de Hueyapan, inició la dominación de la región por familias. "La dinastía de los Tello ejerció un dominio temporal de poder económico, político y social, al combinar actividades de minería, agricultura y ganadería".
  
   En 1780, las deudas contraídas por el declive de la actividad minera y una dirección poco adecuada, obligaron a los Tello a vender sus propiedades en un remate público. El único comprador fue Pedro Romero de Terreros, el Conde de Regla.
  
   La segunda generación de la familia Regla pudo mantener el conjunto de propiedades legadas pero no incrementarlas. El tercer Conde de Regla heredó los bienes al inicio de la guerra de Independencia de 1810, cuando la administración separada de las instalaciones mineras y la propiedad de la tierra, repercutieron en el desarrollo de San Juan Hueyapan.
  
   En 1874, la designación de José de Landero y Cos como Gerente General de la Compañía Real del Monte, quien compró la hacienda de San Juan Hueyapan, dio pie para pensar que las tierras de esta última se trabajarían nuevamente.
  
   En 1892, José de Landero y García Granados recibió la hacienda como un regalo de su padre. José de Landero y Cos, y desde 1902 vislumbró la posibilidad de un nuevo auge agrícola.
  
  
  
   La ubicación de la hacienda entre las tierras agrícolas de Tulancingo y la región refinadora de Regla, el acceso al ferrocarril y al mercado de la Ciudad de México, parecía, aseguraban la empresa. "Basado en tres proyectos: la construcción de un nuevo casco de hacienda, un sistema de riego que la circundara, y la compra y utilización de maquinaria y equipo, Pepe de Landero y García Granados (hijo) impulsó fuertemente el desarrollo de San Juan Hueyapan".
  
   En efecto, la construcción de un nuevo casco de hacienda confirmó la importancia de la familia en la región. La arquitectura contempló tres patios, cada uno rodeado por una serie de edificios intercomunicados, instalaciones para la maquinaria, establos, viviendas, jardines y la casa principal.
  
   Al parecer, las ventajas económicas y tecnológicas de la región dictaron la ubicación del casco. Los edificios se situaron sobre un ligero declive en la orilla oeste del límite de la hacienda.
  
   Probablemente esta área se eligió porque el camino real entre Pachuca y Tulancingo pasaría por el casco y conduciría, con algunos desvíos, a Huasca y Acatlán. Además, la proximidad con las plantas eléctricas de la región de Regla, reducía el costo de transmisión del fluido eléctrico. La forma como San Juan Hueyapan organizó la elaboración de un plan de riego para la creación de tierras de irrigación, fue diferente a casi todas las otras haciendas.
  
   Por lo general, se construían presas, acueductos y canales, en relación directa con los recursos de la hacienda. El plan de irrigación de San Juan Hueyapan consistió en agrandar el lago adjunto al casco, para convertirlo en un gran depósito de almacenamiento, y en construir siete presas subsidiarias, al sur del lago y adyacentes a un río. Un gran canal, conocido como Las Animas, una serie de zanjas para irrigación más pequeñas y un acueducto a lo largo del Puente de Doria, completaron el plan de distribución de aguas a las tierras de Pepe de Landero.
  
   La tercera gran reforma que se hizo a San Juan Hueyapan fue exclusivamente tecnológica y consistió en la inversión para adquirir maquinaria. Mientras las haciendas más avanzadas compraron tractores, segadoras y trilladoras, San Juan Hueyapan fue de las primeras en adquirir desgranadora, picadora y cultivador de vapor.
  
   La aceleración de la inversión en dicha hacienda la convirtió en una empresa agrícola modelo para la región y los campos de los alrededores. Sin embargo, las posibles ventajas de vivir en la hacienda no compensaban la creciente reglamentación en cuanto a las cargas de trabajo en el campo, la recaudación de impuestos y la falta de prestación de servicios educativos y asistencia médica al grueso de la población trabajadora.
  
   Como era el caso en la mayor parte de las haciendas, la jerarquía, el paternalismo y el autoritarismo caracterizaron la administración de San Juan Hueyapan.
  
   El Proceso de Dotación Durante el período en el cual estalló la Revolución de 1910 y la primera década que la precedió, San Juan Hueyapan compartió la libertad de Pachuca y Real del Monte contra una guerra abierta.
  
   Las huelgas y disturbios que caracterizaron esa época en otros distritos mineros no tuvieron progresos en la región. De acuerdo con las versiones populares, únicamente "dos visitas hicieron las bandas revolucionarias a la hacienda y, en ambas ocasiones, la bien organizada administración evitó daños serios".
  
   Aunque la región escapó a los efectos económicos destructivos directos de la Revolución, no fue inmune a la Reforma Agraria que le siguió. El programa de Reforma Agraria, promulgado por el gobierno de Carranza el 6 de enero de 1915 e incorporado dentro de la Constitución de 1917, dio a los pueblos el derecho de petición de tierras, porque ellos habían sido privados de éstas o porque las necesitaban para sostener una vida independiente.
  
   A medida que evolucionó tal programa, los pueblos, las aldeas rurales y las agrupaciones de pobladores se convirtieron en un instrumento de destrucción del sistema hacendarlo, ya que fueron facultadas, además, para solicitar a las autoridades del gobierno la restitución de las tierras que ancestralmente poseían.
  
   Los dos principales focos de descontento en la región de Hueyapan, la aldea de Huasca y la ranchería El Vite, presentaron solicitudes de tierras casi tan pronto como se promulgó la Ley Agraria de 1915.
  
   La reacción de Pepe de Landero a la crisis fue interesante y astuta. Desde 1918, cuando se registró la primera solicitud en Pachuca, vendió las partes de tierra que podrían ser afectadas por la Reforma.
  
   Entre 1925 y 1926, registró los documentos de propiedad en Atotonilco El Grande y en Huasca, subdividiendo todos sus terrenos y evitando de este modo las expropiaciones a gran escala. Las principales beneficiarías de esta venta ficticia fueron sus hermanas y sobrinas, así como amistades de la familia.
  
   La mayor parte de San Juan Hueyapan, por lo tanto, continuó operando como una unidad, con un sólo administrador y con procedimientos unificados de mercadotecnia.
  
   En 1934, cuando llegó Lázaro Cárdenas a la presidencia de la República, en Hidalgo la propiedad de la tierra se hallaba básicamente en manos de los grandes terratenientes. Las haciendas seguían de pie, los patrones en la finca y los peones en la labranza.
  
   Alentados por el reparto agrario del régimen cardenista, la dotación de ejidos a poblados circunvecinos y el descontento generado por las condiciones de vida, los vecinos de San Juan Hueyapan, municipio de Huasca de Ocampo, ex distrito de Atotonilco El Grande, hicieron al Gobernador del estado, Lic. Javier Rojo Gómez, formal "solicitud de tierras en calidad de dotación de ejidos -y argumentaron-, acogiéndonos a los beneficios de las leyes agrarias vigentes".
  
   Dicha petición, fechada el 24 de mayo de 1937, fue acompañada, entre otras, por las siguientes razones:
  
   Hace mucho tiempo que venimos viviendo en la hacienda de referencia en la que prestamos nuestros servicios en calidad de peones, en unas condiciones desfavorables para nosotros, pues no se nos cubre el sueldo con toda regularidad y a la mayor parte de nosotros se nos adeuda por ese concepto varias cantidades...".
  
   El hecho de nacer, vivir y crecer en las instalaciones de la hacienda -de acuerdo con lo expresado por los solicitantes-, no les permitió contar con "terrenos propios para edificar una casa que nos sirva de albergue a nosotros ni para nuestra familia, ni para sembrar la semilla que nos sirva de sustento".
  
   El 19 de agosto del mismo año, la Comisión Agraria Mixta emitió su informe al poblado de San Juan Hueyapan, para determinar si la hacienda podía ser afectada, a fin de dar paso a las ampliaciones ejidales solicitadas y a la creación de nuevos ejidos.
  
   En 1981 se funda como casa de espiritualidad, como propiedad de la Confraternidad Sacerdotal de los Operarios del Reino de Cristo, ya que el fundador de la orden, el padre Enrique Amezcua Medina le compró la propiedad a la viuda de la última familia que vivió ahí.
  
   Es conocida por su hermosa arquitectura y grandes espacios para pasar el fin de semana pero también como una estancia misteriosa, ya que se dicen varias historias y leyendas sobre duendes, fantasmas y presencias que deambulan por el ambiente.
  
   Se encuentra una capilla en donde anteriormente era la cárcel de los hacendados para castigar a los sirvientes.
  
   Se pueden admirar los restos de un antiguo y bello jardín japonés junto con un baño romano, estos espacios fueron realizados por una de las familias ricas que vivieron ahí e hicieron un hotel antes de ser propiedad de la confraternidad.
  
   La hacienda está rodeada de patios y jardines, mantiene una alberca de años posteriores, cuando se usó exclusivamente como hotel además de canchas deportivas.
  
   En los límites de la propiedad se encuentra un lago con una atractiva vista.