Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    23 de Julio de 2019
07 de Julio de 2019
MIGRACIÓN, AGRICULTURA Y DESARROLLO RURAL
Zenit

   Observador de la Santa Sede ante la ONU para la Alimentación y la Agricultura
  
   (ZENIT – 26 junio 2019).- El tema específico del debate: ‘Migración, Agricultura y Desarrollo Rural’, “ofrece la oportunidad de fijar la atención en problemáticas de gran actualidad, cuyos protagonistas no son cifras o meras estadísticas, sino personas marcadas por el dolor y la amargura”, ha concretado Mons. Fernando Chica Arellano en su discurso.
  
   El Observador Permanente de la Santa Sede ante las Organizaciones y Organismos de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, FIDA, PAM) y Jefe de la delegación de la Santa Sede, ha intervenido esta mañana, 26 de junio de 2019, en el ámbito de la XLI sesión de la Conferencia de la FAO, en curso del 22 al 29 de junio de 2019 en Roma.
  
   Agricultura, papel crucial
   El prelado ha lamentado que cuando faltan alrededor de 10 años para la fecha límite establecida por la Agenda 2030 y sus Objetivos, y contando con que la comunidad internacional se ha comprometido a crear un mundo en el que ya nadie sufra por el hambre, “continuamos constatando un aumento en el número de personas hambrientas en todo el mundo”.
  
   El análisis de las cuestiones relacionadas con el círculo vicioso del hambre, de la migración y de la pobreza “no puede, ante todo, ignorar la centralidad de la agricultura”. Ésta desempeña “un papel crucial en la dinámica del desarrollo sostenible de un país”, constituyendo uno de los principales catalizadores a través de los cuales otras actividades económicas y sociales pueden encontrar un impulso efectivo, ha recordado Chica Arellano.
  
   Crecimiento de los ingresos
   Las actividades dirigidas al desarrollo agrícola podrían interpretarse como una contribución para implementar el derecho a permanecer en la propia tierra, –indica el Observador Permanente en la FAO–. Sin embargo, “estudios recientes indican que, en los países de ingresos bajos o medios bajos, el desarrollo y el crecimiento de los ingresos normalmente conduce a un aumento de la emigración y, solo cuando se alcanza un nivel de ingresos medio-alto, los fenómenos migratorios disminuyen”, ha indicado Mons. Chica.
  
   Así, el obispo ha observado que junto a las personas que emigran de un continente a otro, también hay que prestar atención a quienes se desplazan dentro de sus propios países y que en realidad conforman la mayoría de los migrantes a nivel numérico. Se trata de personas que a menudo se trasladan de las zonas rurales a las urbanas.
  
   Si queremos responder adecuadamente a esta problemática –ha advertido el representante de la Santa Sede–, el análisis de las previsiones de incremento demográfico en las próximas décadas y la consiguiente necesidad de aumentar la producción de alimentos nos debe hacer reflexionar sobre la importancia del crecimiento de la fuerza de trabajo en las áreas rurales.