Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    20 de Octubre de 2019
07 de Julio de 2019
LA DEVOCIÓN DEL VIERNES PRIMERO DEL MES
Jaime Emilio González Magaña
Recordar las gracias recibidas de Dios, confiar en su misericordia infinita y dedicarle nuestro recuerdo y oración los nueve primeros viernes de cada mes no quiere decir que el Sagrado Corazón de Jesús nos prometa la salvación como algo mágico o supersticioso, sino por la única y sola seguridad de que Dios, el Señor, viene a nosotros por el amor y amistad que le hemos mostrado y porque hemos sido congruentes manifestando esa relación en las obras. La certeza de llegar a Dios se da por la libre voluntad y misericordia de Dios, un verdadero y “gran don”, como lo llama el Concilio de Trento. En segundo término, todo es por puro amor. El Corazón traspasado de Cristo nos asegura nada menos que esta gracia, es decir, que podamos hacer frente a la muerte -el único momento que jamás podremos evitar-, en estado de amistad con Dios y con ello tener plena confianza de vivir la eterna salvación.
  
   En su afán por hacerse presente en nuestra vida, el Corazón de Cristo nos garantiza cuatro cosas, simplemente porque Él es Dios y se da a nosotros para que hagamos lo mismo con nuestros hermanos: A). “La gracia de la perseverancia final”, o sea estar en estado de amistad con Dios cuando nos llegue el momento supremo. B). “No morirán en mi desgracia”, esto es, nos encontraremos con Él, porque Él así lo quiere, por sus méritos y no por los nuestros. C). “Ni sin recibir los sacramentos”. El Señor, nos da una oportunidad más para verlo cara a cara y vivir con Él para siempre. Nos permite tener deseos de Él aun en los últimos momentos cuando lo único que tiene un verdadero sentido es aspirar a verlo por toda la eternidad; cuando ya nada de este mundo nos podrá dar la verdadera paz y felicidad, aseguradas únicamente por Cristo. D). “Mi Corazón les será asilo seguro en aquella última hora”. Esto significa que la amistad que hemos fortalecido al recibir el cuerpo de Jesús, nos da la seguridad de una buena muerte, un apostolado tan querido y por el que se esforzaron tanto Ignacio de Loyola y los primeros compañeros jesuitas.
  
   Finalmente, el Santo Padre afirma que «la respuesta al mandamiento del amor se hace posible sólo a través de la experiencia de este amor, que ya antes nos ha dado Dios. El culto del amor que se hace visible en el misterio de la Cruz, representado en toda celebración eucarística, constituye por lo tanto el fundamento para que podamos transformarnos en personas capaces de amar y de darse. Este abrirse a la voluntad de Dios debe renovarse en todo momento. El amor no está nunca acabado y completo -continúa el Pontífice- y añade «Este misterio del amor de Dios por nosotros, sin embargo, no constituye solamente el contenido del culto y la devoción al Corazón de Jesús: es, del mismo modo, el contenido de toda verdadera espiritualidad y devoción cristiana. Por lo tanto, es importante subrayar que el fundamento de esta devoción es antiguo como el cristianismo mismo.
  
   En efecto, ser cristiano es solamente posible con la mirada vuelta a la Cruz de nuestro Redentor, "al que han traspasado (Jn 19,37; cf. Za 12,10). Con razón la Encíclica Haurietis aquas recuerda que la herida del costado y las que dejaron los clavos han sido para innumerables almas las señales de un amor que ha conformado cada vez más incisivamente su vida (Cf. n. 52). Reconocer el amor de Dios en el Crucifijo se ha convertido para ellas una experiencia interior que les ha hecho confesar, junto a Tomás: "¡Señor mío y Dios mío!” (Jn 20,28), permitiéndoles alcanzar una fe más profunda en la acogida sin reserva del amor de Dios (Cf. Enc. Haurietis aquas, 49)». El sentido verdadero de las promesas que nos ha hecho Jesús, por medio de Santa Margarita María Alacoque, es el de animarnos a mantener un estado de gracia todo el mes. No quiere decir que vivamos el sacramento de la reconciliación, comulguemos el viernes primero de cada mes para que, el sábado siguiente, volvamos a las andadas. Eso sería un juego, una pantomima de relación con el Corazón de Cristo. No.
  
   Dios, el verdadero Señor de la Vida, de la historia, de nuestra historia, nos invita a la práctica devota de los primeros viernes para que creamos en la posibilidad de mantener una auténtica amistad con Dios. Lo que nos asegura es la gracia de no morir en pecado grave, porque si nos abandonamos en sus manos cariñosas, si nos metemos en su corazón traspasado, encontraremos el sentido de estar en paz con Él, con nosotros mismos y con quienes están más cerca de nosotros. Porque sólo profundizando en el misterio del Corazón traspasado de Cristo, encontraremos la fuerza para descubrir el sentido verdadero de Dios que es Amor y sólo si lo conocemos más, será posible que más lo amemos y lo sigamos comprometidamente hasta que llegue el momento, el decisivo, de nuestro viaje a la eternidad.