Semanario Guía
Zamora, Michoacán, México    16 de Noviembre de 2019
10 de Noviembre de 2019
Paulina Camacho Jiménez
NOTITAS
   Todo el mundo sabe que el agua es muy importante para los seres humanos, para las plantas, para los animales. Sin el agua no podríamos vivir y, a pesar de eso, se sigue contaminando. Los seres humanos arrojan en el agua bolsas de basura, botellas, muebles… como si fuera un contenedor en el que poder deshacerse de todo aquello que no quieren.
  
   En los hogares se tira por el desagüe cualquier objeto o líquido, y esas aguas residuales transportadas en tuberías, al igual que los productos químicos que las fábricas vierten, acaban en mis ríos o mares.
  
   Otro gran enemigo del agua que cubre mi superficie es el petróleo. ¡No nos podemos ni imaginar el daño que le ha hecho a los mares y océanos! Los hundimientos de barcos o el de los contenedores que lo transportan han provocado grandes catástrofes, que solo el paso de los años podrá curar.
  
   Si cuidamos las aguas, también cuidamos a los animales, los bosques, cuidamos a todos los seres vivos que habitan en la tierra, seamos conscientes de ello, recuerda que el planeta es responsabilidad de todos el saber cuidar de él.
  
   Ana Paola Alarcón Tinoco. 13 años
  
   HABÍA UNA VEZ
  
La rana y el buey

   En un prado se encontraba un buey que pacía tranquilamente, justo por ahí pasaba una rana que lo vio y pensó para sí misma que si podría llegar a ser tan grande como un buey si llenaba de aire su pellejo arrugado.
  
  
  
   Entonces la rana para parecerse a el buey comenzó a hincharse, cuando termino se miró y le pregunto a sus hijos si ya era tan grande como el buey sus hijos le respondieron que no, entonces la rana siguió hinchándose de aire, y les volvió a preguntar a sus hijos creyendo que ya era tan grande como un buey pero sus hijos le volvieron a repetir nuevamente que no, la rana empeñada en ser tan grande como el buey hizo un último intento se hincho e hincho que finalmente acabo explotando de tanto aire.
  
   Ana Paola Alarcón Tinoco. 13 años
  
  
   CHISTES
   -Dime una palabra que empiece por D.
   - ¡Ayer!
   - Ayer no empieza por D.
   - ¿Cómo que no? Ayer era domingo.
  
   Itzel Guadalupe Herrera Becerril. 10 años
  
   CURIOSIDADES DEL MUNDO
   ¿Sabías que cada persona tiene entre 1.000 y 150.000 cabellos en su cabeza?
  
  
  
   Andrea Isabel Cervantes Camacho. 11 años
  
   CONSEJOS
   Tener una mascota en casa es de mucha responsabilidad, es importante enseñarle al niño cómo cuidar de este nuevo animalito si esperas que realmente asuma la responsabilidad de atenderlo. Recuerda que a los animalitos se les debe cuidar y tratarlos bien.
  
   Daniela Camacho Lumbreras. 8 años
  
   JUGUEMOS A
  
  
  
   Ana Paola Alarcón Tinoco. 13 años
  
  



10 de Noviembre de 2019
Poemas De Hoy Y De Ayer
LUIS G. URBINA (III)

  
  
CONFESIÓN
   Bien está: me río
   porque es una forma de pudor la risa;
   pero muy adentro, muy solo, muy mío,
   un pesar cansado se me vuelve hastío
   y un último anhelo se me extingue aprisa.
   Mas no me contemples tan sólo la cara;
   acerca a mi espíritu —que es vaso pequeño—
   tu vida, radiante de júbilo, para
   gustar de la gota de miel de un ensueño.
   Del juvenil cántico,
   un eco remoto queda todavía
   en tal cual epigrama romántico,
   y en una que otra sutil ironía.
   Hace tiempo adquirí la destreza
   de ser frívolo. Ve mi alegría:
   ¿que de cuando en cuando sale la tristeza
   en un gesto ambiguo de melancolía?
   Vivo y basta. Muerdo los frutos amargos
   de mi otoño, anuncio de un vecino invierno;
   para mi fastidio los días son largos,
   ásperas las piedras, y el camino, eterno.
  
   ¡Bah! ¡No importa! Deja que alumbre mi paso
   una intermitente luz de poesía;
   yo voy como todos, sin rumbo, al acaso...
   Bebe, y no preguntes si hay hiel en el vaso:
   ¡Déjame que ría!
  
   PERLAS
   Como al fondo del mar baja
   el buzo en busca de perlas,
   la inspiración baja a veces
   al fondo de mis tristezas
   para recoger estrofas
   empapadas con mis penas.
   Y en cada uno de mis versos
   viven, con vida siniestra,
   mis deseos, mis temores,
   mis dudas y mis creencias.
   ¡Qué mucho que yo los ame!
   ¡Qué mucho que yo los lea,
   si son hojas arrancadas
   al libro de mi existencia!
   Cuando en mi obscura memoria
   la frase brillando queda,
   como en un jirón de nube
   el reflejo de una estrella,
   es porque bajó tan hondo
   la inspiración a cogerla,
   que en esa frase palpita
   el corazón del poeta.
   Siempre que a soñar me pongo
   encantadoras quimeras,
   imposibles ideales,
   seres de extraña belleza
   que habitan en luminosas
   arquitecturas aéreas;
   formas que flotan aisladas
   y diáfanas, y serenas,
   como los ángeles blancos
   de la Divina Comedia,
   la realidad de la vida,
   inflexible, me despierta,
   y quedo confuso y triste
   sintiendo angustias supremas,
   como esas aves que huyen
   en busca de primavera
   y en alta mar las sorprende
   el furor de la tormenta.
   Entonces escribo, escribo
   con una ternura inmensa,
   que sólo cuando hago versos
   el alma llora y se queja,
   y la inspiración se hunde
   en el mar de las tristezas
   para recoger estrofas
   empapadas en mis penas.
   Y sin embargo, en el fondo,
   cuántos dolores se quedan
   sin expresión, tan intensos
   que no caben en la idea,
   porque son, deseos vagos,
   aspiraciones inmensas,
   alas que exploran espacios,
   sueños de cosas eternas,
   nostalgias de extraños mundos,
   citas de lo que no llega...
   ¡La inspiración es un buzo
   que no ha pescado esas perlas!
  
   LA AGONÍA BLANCA
   Blanca como esta noche no he visto cosa alguna:
   ni el mármol, ni la nieve, ni el armiño. Semeja
   el cielo, un gran abismo de plata, que refleja
   su luz, en otro abismo de cristal: la laguna.
  
   Sólo, de tarde, en tarde, pasa, pequeña y bruna,
   la góndola, que efímero surco ondulante deja;
   y cuando, hacia las brumas rutilantes, se aleja,
   todo es latir de astros; todo, fulgor de luna.
  
   ¿Dónde están los colores? En uno se han fundido.
   El negro huyó a esconderse. El azul se ha dormido.
   El blanco, puro y virgen, sus imperios rescata.
  
   Y en silencio vasto, sideral y profundo,
   parece que esta noche se va a morir el mundo
   con una inmensa muerte de cristal y de plata.
  
   MADRIGAL EFUSIVO
   Déjame amar tus claros ojos. Tienen
   lejanías sin fin, de mar y cielo,
   y sus fulgores apacibles vienen
   hasta mi corazón como un consuelo.
  
   Deja que con tus ojos, se iluminen
   mis viejas sombras y se vuelvan flores;
   deja que con tus ojos se fascinen,
   como aves de leyenda, mis dolores.
  
   Que vea en ellos astros errabundos,
   que en ellos sueñe inexplorados mundos
   que en ellos bañe mi melancolía...
   Son tristes, luminosos y profundos,
   como puestas de sol, amada mía...
  
   HUMORISMOS TRISTES
   MIENTRAS TOCAN CHOPIN EL BUEN MAESTRO
   Mientras tocan Chopin el buen maestro,
   o el poeta neurótico recita,
   yo charlo con la hermosa señorita,
   en voz baja, del último siniestro.
  
   ¡Y sufro mucho!... ¡Bah! Pero soy diestro
   en sonreír y en ocultar la cuita;
   mi tristeza es amarga, es infinita…
   mas ¡qué apacible regocijo nuestro!
  
   Estoy vencido al fin; cesó la lucha;
   yo quedo triste y ella indiferente;
   su amor fue poco y mi desgracia es mucha;
  
   y entre tanto, burlona y sonriente,
   ella, en el fondo del salón, escucha
   del joven barbilindo el flirt corriente.
  
   MARIPOSAS DE ENERO
   Un día de invierno gris y opaco. Tienen,
   el jardín pereza, modorra las flores,
   cansancio las aguas, que apenas sostienen
   erguidos los chorros de los surtidores.
  
   No hay aves que trinen; no hay voces que suenen;
   y en la anemia de la luz y los verdores,
   dos mariposillas que van y que vienen
   sacuden las alas de flavos colores.
  
   ¡Buscáis miel, ilusas! La miel ya no existe,
   y un tropo me asalta, muy viejo y muy triste:
   las dos ilusiones de mi vida entera.
  
   (¡Amar! ¡Ser amado!) son dos mariposas
   en un jardín mustio que no tiene rosas....
   son dos rezagadas de la primavera.
  
   VIEJA LÁGRIMA
   Como en el fondo de la vieja gruta,
   perdida en el riñón de la montaña,
   desde hace siglos, silenciosamente,
   cae una gota de agua,
   aquí, en mi corazón oscuro y solo,
   en lo más escondido de la entraña,
   oigo caer, desde hace mucho tiempo,
   lentamente, una lágrima.
   ¿Por qué resquicio oculto se me filtra?
   ¿De cuáles fuentes misteriosas mana?
   ¿De qué raudal fecundo se desprende?
   ¿Qué remoto venero me la manda?
   ¡Quién sabe... ! Cuando niño, fue mi lloro
   rocío celestial de la mañana;
   cuando joven, fue nube de tormenta,
   tempestad de pasión, lluvia de ansias.
   Más tarde, en un anochecer de invierno,
   mi llanto fue nevasca...
   Hoy no lloro... Ya está seca mi vida
   y serena mi alma.
   Sin embargo... ¿Por qué siento que cae
   así, lágrima a lágrima,
   tal fuente inagotable de ternura,
   tal vena de dolor que no se acaba?
   ¡Quién sabe...! Yo no soy yo: son los que fueron;
   mis genitores tristes; es mi raza;
   los espíritus apesadumbrados,
   las carnes flageladas;
   milenarios anhelos imposibles,
   místicas esperanzas,
   melancolías bruscas y salvajes,
   cóleras impotentes y selváticas.
   Al engendrarme el sufrimiento humano,
   en mí dejó sus marcas,
   sus desesperaciones, sus angustias,
   sus gritos, sus blasfemias, sus plegarias.
  
   Es mi herencia, mi herencia la que llora
   en el fondo del ánima;
   mi corazón recoge, como un cáliz,
   el dolor ancestral, lágrima a lágrima.
   Así lo entregaré, cuando en su día,
   del seno pudoroso de la amada,
   corporizados besos, otros seres,
   transformaciones de mi vida, salgan.
   * * *
   Estoy frente a mi mesa de trabajo.
   La tarde es linda. Alumbra el sol mi estancia.
   Afuera, en el jardín, oigo las voces
   de los niños que ríen y que cantan.
   y pienso: acaso, ¡pobres criaturas!,
   sin daros cuenta, en medio a la algazara,
   ya en vuestro corazón se filtra,
   silenciosa y tenaz, la vieja lágrima...

  
  



10 de Noviembre de 2019
De Mi Cosecha
PADRES APOLOGISTAS GRIEGOS
Selección de A. Sahagún
  
   -¿Y qué obra mayor cabe realizar que la de mostrar cómo la idea lo dirige todo, y, concebida en nosotros y dejándonos por ella conducir contemplar el extravío de los otros y que nada en sus ocupaciones hay sano ni grato a Dios? Porque sin la filosofía y la recta razón no es posible que haya prudencia. De ahí que sea preciso que todos los hombres se den a la filosofía y ésta tengan por la más grande y más honrosa obra, dejando todo lo demás en segundo y tercer lugar; que si ello va unido a la filosofía, aun podrán pasar por cosas de moderado valor y dignas de aceptarse; mas si de ella se separan y no la acompañan son pesadas y viles para quienes las llevan entre manos.
  
+++

   Porque a la manera que, no existiendo antes de nacer, ignoraba yo quién era, y sólo subsistía en la sustancia de la materia carnal; pero una vez nacido yo, que antes no era, creí en mi ser por el nacimiento, así yo, que fui y que por la muerte dejaré de ser y otra vez desapareceré de la vista de todos, nuevamente volveré a ser, como no habiendo antes sido, nací luego; y aun cuando el fuego destruya mi carne, el universo recibe la materia evaporada; y si me consumo en los ríos o en el mar o soy despedazado por las fieras, depositado quedo en los tesoros de un dueño rico. El pobre ateo desconoce estos depósitos; pero Dios, que es rey, cuando quiera, restablecerá en su ser primero mi sustancia, que sólo para Él está visible.
  
+++

   Vive para Dios, rechazando por medio de su conocimiento tu viejo horóscopo. No fuimos creados para la muerte, sino que morimos por nuestra propia culpa. La libertad nos perdió; esclavos quedamos los que éramos libres; por el pecado fuimos vendidos. Nada malo fue por Dios hecho; fuimos nosotros los que produjimos la maldad; pero los que la produjimos, somos también capaces de rechazarla.
  
+++

   Ahora bien, he expuesto todo esto ampliamente para demostrar la contradicción que existe en las doctrinas de los filósofos y cómo la investigación de las cosas les llevan hasta lo infinito e indeterminado, y su objeto es incomprobable e inútil, pues no se confirma por hecho alguno evidente ni por razonamiento alguno claro.
  



10 de Noviembre de 2019
De Literatos
EL CARDO

  
  
(Cuento)

  
   Gabriela Mistral
  
   Una vez un lirio de jardín (de jardín de rico) preguntaba a las demás flores por Cristo. Su dueño, pasando, lo había nombrado al alabar su flor recién abierta.
  
   Una rosa de Sarón, de viva púrpura, contestó:
  
   -No le conozco. Tal vez sea un rústico, pues yo he visto a todos los príncipes.
  
   -Tampoco lo he visto nunca –agregó un jazmín menudo y fragante-, y ningún espíritu delicado deja de aspirar mis pequeñas flores.
  
   -Tampoco yo –añadió todavía la camelia fría e impasible-. Será un patán: yo he estado en el pecho de los hombres y mujeres hermosas. . .
  
   -No se me parecería si lo fuera, y mi dueño lo ha recordado al mirarme esta mañana.
  
   Entonces la violeta dijo:
   -Uno de nosotros hay que sin duda lo ha visto: es nuestro pobre hermano el cardo. Vive a la orilla del camino, conoce a cuantos pasan, y a todos saluda con su cabeza cubierta de ceniza. Aunque humillado por el polvo, es dulce, como que da una flor de mi matiz.
  
   -Has dicho una verdad –contesto el lirio-. Sin duda, el cardo conoce a Cristo; pero te has equivocado en llamarlo nuestro. Tiene espinas y es feo como un malhechor. Lo es también, pues se queda con la lana de los cordilleros, cuando pasan los rebaños.
  
   Pero, dulcificando hipócritamente la voz, gritó, vuelto al camino:
  
   -Hermano cardo, pobrecito hermano nuestro, el lirio te pregunta si conoces a Cristo.
  
   Y vino en el viento la voz cansada y como rota del cardo:
  
   -Sí, ha pasado por este camino y le he tocado los vestidos, yo, ¡un triste cardo!
  
   ¿Y es verdad que se me parece?
   -Sólo un poco, y cuando la luna te pone dolor. Tú levantas demasiado la cabeza. El la lleva algo inclinada; pero su manto es albo como tu copo, y eres harto feliz de parecértele. ¡Nadie lo comparará nunca con el cardo polvoroso!
  
   -Di cardo, ¿cómo son sus ojos?
   El cardo abrió en otra planta una flor azul.
  
   -¿Cómo es su pecho?
   El cardo abrió una flor roja.
  
   -Así va su pecho- dijo.
   -Es un color demasiado crudo –dijo el lirio.
  
   -¿Y qué lleva en las sienes por guirnalda cuando es primavera?
   El cardo elevó sus espinas.
  
   -Es una horrible guirnalda –dijo la camelia-. Se le perdonan a la rosa sus pequeñas espinas; pero ésas son como las del cactus, el erizado cactus de las laderas.
  
   -¿Y ama Cristo? –prosiguió el lirio turbado.
  
   -¿Cómo es su amor?
   -Así ama Cristo –dijo el cardo echando a volar las plumillas de su corola muerta hacia todos los vientos.
  
   -A pesar de todo –dijo el lirio- querría conocerle. ¿Cómo podría ser, hermano cardo?
  
   -Para mirarlo pasar, para recibir su mirada, haceos cardos del camino –respondió éste-. Él va siempre por las sendas, sin reposo. Al pasar me ha dicho: “Bendito seas tú, porque floreces entre el polvo y alegras la mirada febril del caminante”. Ni por tu perfume se detendrá en el jardín del rico, porque va oteando en el viento otro aroma: el aroma de las heridas de los hombres.
  
   Pero ni el lirio, al que llamaron su hermano; ni la rosa de Sarón, que Él cortó de niño por las colinas; ni la Madreselva trenzada, quisieron hacerse cardos del camino y, como los príncipes y las mujeres mundanas que rehusaron seguirle por las llanuras quemadas, se quedaron sin conocer a Cristo.
  
  
  
  



10 de Noviembre de 2019
FLAUTAS CON SALSA DE AGUACATE

   INGREDIENTES
   o 1 pechuga de pollo rostizado, deshebrada
   o 12 tortillas de maíz
   o 4 cucharadas de queso fresco rallado
   o 2 tazas de lechuga picada, desinfectada
   o Aceite vegetal
   o 1 aguacate pelado
   o de taza de aceite de oliva
   o 2 tomates verdes
   o 1 cucharada de jugo de limón
   o Sal y pimienta al gusto
  
  
   INSTRUCCIONES
   1. Sofríe el pollo en una sartén con poca grasa, retíralo, distribúyelo entre las tortillas y enróllalas apretadamente para hacer las flautas.
   2. Fríelas en aceite suficiente hasta que estén doradas y escurre el exceso de grasa.
   3. Para hacer la salsa: licua la pulpa de aguacate, los tomates, el jugo de limón y el aceite (si es necesario, añade un poco de agua), vacía a una salsera para que cada comensal se sirva.
   4. Acomoda las flautas sobre una cama de lechuga, báñalas con la salsa y espolvorea el queso.